Aún recuerdo cuando vi la primera “Thor” de Kenneth Branagh. Fue la última de las películas Marvel de superhéroes de la llamada “primera fase” que vi; y lo hice incluso después de haber visto “Los vengadores”. No es que tenga nada en contra del Dios del Trueno, pero lo cierto es que dentro de la vasta galería de superhéroes que pueblan el universo Marvel, Thor es uno de esos personajes que nunca me ha atraído demasiado. Bien sea por su carácter mitológico, por la sensación de es un personaje que no pertenece a este tiempo o su (aparente) falta de humanidad, el caso es que siempre me ha dado bastante pereza adentrarme en las aventuras de este héroe con martillo. Si unimos esta animadversión personal hacia Thor con lo mediocre del tráiler de lanzamiento que en su momento hizo público Marvel y a las tibias críticas que la película recibió en su estreno tenemos como resultado que tardé más de dos años en acercarme al film de Kenneth Branagh.